Estudiantes, enfermeras, voluntarias e intelectuales de la época. Todas con aportes que la historia no permitirá olvidar en torno a la manifestación más importante en Panamá.
Por Irma Rodríguez-Reyes
Las áreas periféricas del Canal y la ciudad de Colón fueron los principales lugares que quedaron teñidos de sangre. 471 heridos y 21 víctimas fatales fue el resultado del ataque de estadounidenses contra panameños que reclamaron izar la Bandera en la desaparecida Zona, en manifestaciones por la soberanía que ocurrieron entre el 9 y 11 de enero de 1964.
En el Panamá de los años sesenta, los hospitales fueron rebasados en capacidad para la magnitud de la situación.
Llegaban heridos a cada instante y fue desde allí donde las mujeres ocuparon las principales misiones, según la investigación "Participación y reacción de las mujeres ante los sucesos de enero de 1964", publicada en la Revista Lotería en 2003, bajo la autoría de Gilberto Marulanda, profesor de historia de la Universidad de Panamá.
Un documento que toma relevancia hoy, 57 años después de los hechos, cuando en un escenario muy distinto, cerca de una decena de enfermeras han dado su vida al atender a pacientes de covid-19.
"El aporte más relevante de las mujeres durante el enfrentamiento entre el pueblo panameño y los estadounidenses, en enero de 1964, fue su destacada labor en los centros hospitalarios dando atención a los hombres y mujeres que lo requerían, a la vez trataron de salvar la vida de aquellos que fallecieron. Las imágenes presentadas en los diarios de la época hablan por sí solas. En las mismas se presentaba un herido de bala, bayoneta u otra lesión, allí estaban las manos profesionales de las enfermeras, auxiliares y voluntarias brindando apoyo a las docenas de personas que requerían de una mano amiga y profesional que los atendiera", destaca el estudio, que como pocos ha hecho referencia a la reacción de las mujeres en la gesta más importante de nuestra historia republicana.
Las manifestantes
Sin lugar a dudas estudiantes varones, en su mayoría, fueron quienes emprendieron la hazaña de enarbolar el pabellón patrio en la otrora Balboa High School de los zoneítas, pero a ellos también se unieron algunas señoritas estudiantes del Instituto Nacional.
Se estima que menos del 10% de participantes eran mujeres, de acuerdo con la investigación que cita a la obra "Panamá, 9 de enero de 1964 ¿Qué pasó y Por qué? del autor Roberto N. Méndez que dice textualmente:
"En base a lo anterior podemos deducir que menos del 10% de los
participantes en los sucesos de enero pertenecían al sexo femenino. Ello
fue una consecuencia del "machismo" latinoamericano. Para la sociedad
machista, la mujer es un ser inferior, cuyo papel debe limitarse a
servir al marido, atender quehaceres domésticos, y cuidar de los hijos.
Según esta primitiva manera de pensar, el campo de la política no es un
terreno "apropiado" para la mujer, a la cual desde niña se le infunde
una aversión hacia todo lo que tenga que ver con dicha actividad, con
las ciencias, y con las artes".
Si bien como dan cuenta los relatos, una en pocas damas fue vista entre los protestantes, al menos 37 resultaron heridas en las protestas, eran menos sí, pero tuvieron presencia en la calle. Por otro lado, dos niñas fueron víctimas indirectas. Una fue Maritza Alabarca de solo 6 meses de nacida y Rosa Elena Landecho una adolescente de 13 años. La primera una bebé colonense ahogada por los gases irritantes lanzados por los estadounidenses y la segunda que murió en San Miguel por un impacto de bala.
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| En esta fotografía se puede observar a dos estudiantes portando el uniforme del Instituto Nacional. |
Papel y tinta
El pensamiento crítico de las mujeres se entregó a la patria. De su puño y letra, columnistas de los periódicos, como Thelma King, Tilsa Perigault de Ortiz, la doctora Matilde Real de González y Luzmila A. de Illueca estuvieron entre las que con papel y tinta apoyaron moralmente la gesta de jóvenes estudiantes y civiles panameños.
En el diario Panamá América, la enfermera Luzmila A. de Illueca publicó el poema "Madres Panameñas", copiado íntegramente, tal como aparece en la investigación del historiador Marulanda:
Nuestras cofias, blancas teñidas con la sangre inocente de vuestros hijos, tienen hoy la esencia sublime de nuestra juventud valerosa y decidida como holocausto a la Patria.
Nuestros corazones desbordados de dolor dieron a nuestras manos toques maternales divinos y santos iluminados con el fervor religioso de miradas preñadas de muerte. Minutos convertidos en siglos en los que ante la impotencia de dar vida a las vidas que se iban, dimos alma de Patria elixir de consuelo.
Vuestros hijos - nuestros hijos fueron - dieron inspiración a la enfermera panameña y son antorcha de luz en el mañana incierta, faro de esperanza en estas horas tristes, ángeles que han dado más pureza al blanco de nuestras cofias con el rojo vivo de amor de Patria.
Perigault de Ortiz, por su lado, cedió a sus lectoras el espacio en la columna Álbum del diario Crítica, en la cual destacó una delicada carta anónima dirigida a un policía panameño que usó su arma de reglamento contra un atacante estadounidense y que dice textualmente:
"Al Francotirador panameño que está preso: Aunque como mujer nos horroriza la violencia, y quisiéramos que todo pudiera arreglarse sin muertes, nos sentimos orgullosas de usted, que antes que nada, sintió como panameño y que no pensó en las dificultades que su acción le acarrearía ante sus superiores. Podría asegurar que ninguno de los civiles zonians que tampoco estaban autorizados a disparar contra panameños, está preso en la Zona del Canal de Panamá. Ojalá sus superiores vean en usted a un patriota más que un indisciplinado. Ojalá hubiesen sido más indisciplinados los oficiales alemanes que cumplieron las órdenes de matar judíos en los campamentos nazis"
En el pueblo indignado y sediento de soberanía, el 9 de enero 1964 "no fue un capricho", expresó el profesor Marulanda al brindar antecendentes y contexto sobre su publicación. La población venía desde 1947, 1958 y 1959 manifestándose con el propósito de retomar su territorio, donde los zoneítas habian construido sus vidas en medio de avenidas con nombres de sus próceres.
57 años después, la antigua Zona del Canal es de libre acceso a los panameños, y en honor a quienes ofrendaron su vida en esta lucha, el 9 de enero es reconocido como el Día de los Mártires o Día de la Soberanía.



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